El aceite de argán lleva años siendo uno de los más vendidos en cosmética, y también uno sobre el que circula más información confusa. Vamos a contarte qué lleva de verdad, para qué sirve, cómo reconocer uno en buen estado y qué cosas que se dicen de él no son ciertas.
El argán es un árbol que crece de forma natural en el suroeste de Marruecos y prácticamente en ningún otro sitio. Está protegido, y su zona fue declarada reserva de la biosfera.
El aceite se obtiene prensando la almendra que hay dentro del fruto. Es un proceso laborioso: hay que retirar la pulpa, romper el hueso —que es durísimo— y extraer la semilla. Buena parte de ese trabajo lo realizan cooperativas de mujeres bereberes, para las que el argán es la principal fuente de ingresos. Eso explica también por qué no es barato.
Hay dos versiones y no son intercambiables: el cosmético, prensado en frío a partir de semillas sin tostar, y el culinario, con las semillas tostadas, que se usa en la cocina marroquí y tiene sabor y olor mucho más intensos. Para la piel se usa el primero.
Aquí conviene precisar, porque se repiten bastantes cosas inexactas:
Y una aclaración de nomenclatura: la «vitamina F» no existe como vitamina. Es un nombre antiguo con el que se designaba a los ácidos grasos esenciales, en desuso desde hace décadas.
Funciona muy bien como último paso de la rutina de noche. Nutre, mejora la elasticidad y la sensación de tirantez, y tiene una textura ligera que se absorbe rápido y no deja película grasa.
Bastan dos o tres gotas, calentadas entre las palmas y presionadas sobre la piel ya limpia e hidratada.
Para zonas secas concretas —codos, rodillas, manos— y para masaje. Al ser un aceite de precio alto, para el cuerpo entero suele salir mejor mezclarlo con un aceite de almendras dulces, que hace de base.
Es su uso más popular. Unas gotas en medios y puntas sobre el pelo húmedo, o como tratamiento previo al lavado en cabellos muy secos. En cuero cabelludo graso, mejor no.
Una gota masajeada en la cutícula a diario mejora la flexibilidad de la lámina y el aspecto del contorno. Es de los usos donde menos producto hace falta y más se nota.
Nuestro aceite de argán es de primera prensión en frío y sirve para todos estos usos.
El argán se considera de bajo potencial comedogénico, así que suele tolerarse bien incluso en pieles mixtas y grasas. Su proporción de ácido linoleico juega a favor: las pieles con tendencia acneica suelen tener sebo pobre en linoleico.
Dicho esto, ninguna clasificación comedogénica es una garantía individual. Esas tablas provienen de pruebas antiguas y no predicen cómo va a responder tu piel. Si tienes tendencia a los granitos, introdúcelo poco a poco y observa.
Esto es lo más útil que puedes llevarte del artículo, porque circula un consejo equivocado.
Es un aceite vegetal, así que se enrancia con el tiempo. Para que dure:
Si al abrirlo notas olor a pintura vieja o a rancio, no lo uses en la cara: un aceite oxidado puede irritar.
El argán mezcla bien con otros aceites vegetales, y esa es una forma sensata de aprovecharlo sin gastar tanto:
Y admite añadir aceites esenciales bien diluidos para perfumar o para un masaje concreto. Eso sí, con criterio: los esenciales van siempre en proporción baja y no todos valen para todas las pieles. Lo explicamos en nuestra guía de aceites esenciales.
Mejora la hidratación, la elasticidad y el aspecto general de la piel, y eso hace que las líneas de deshidratación se noten menos. Lo que no hace es eliminar arrugas ya establecidas.
Sí, es un aceite vegetal sin activos restringidos. Muchas mujeres lo usan para hidratar el abdomen. Si tienes dudas sobre cualquier cosmético en el embarazo, coméntalo con tu matrona.
Se tolera bien, pero como con cualquier producto nuevo conviene probar antes una pequeña cantidad en el antebrazo.
Si te pasas de cantidad, sí. Con dos o tres gotas en la cara no debería, sobre todo si lo aplicas veinte minutos antes de acostarte.
No. El culinario lleva las semillas tostadas y tiene un perfil de olor y sabor muy distinto. Para la piel, el cosmético.
No exactamente. Un aceite nutre y frena la pérdida de agua, pero no aporta agua. Lo ideal es aplicarlo sobre la piel hidratada, no en lugar de la crema.
El argán es un aceite vegetal de calidad, ligero, con vitamina E y bajo potencial comedogénico, que funciona en cara, cuerpo, pelo y uñas. No es milagroso ni exclusivo en su composición, pero es de los que mejor se toleran.
Y recuerda lo del olor: suave y a fruto seco, bien. A rancio, a la basura.
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