Para trabajar los glúteos en casa no hace falta material: basta con una silla. Y no como apaño, sino porque una silla resuelve tres cosas de golpe — da estabilidad, permite regular la dificultad y sirve de apoyo cuando el equilibrio no acompaña.
Aquí tienes seis ejercicios que se hacen con una silla, con la progresión para empezar desde cero y las variantes para quien no puede o no quiere trabajar de pie.
Qué esperar, con honestidad: estos ejercicios fortalecen y tonifican el glúteo. Lo que no hacen es reducir grasa de esa zona en concreto: el cuerpo no permite elegir de dónde la moviliza. Lo que sí notarás con constancia es más firmeza, más fuerza al subir escaleras y mejor postura.
De pie detrás de la silla, manos en el respaldo. Lleva una pierna hacia atrás, recta, sin arquear la zona lumbar. El movimiento sale de la cadera, no de la espalda.
Sostén dos segundos arriba y baja despacio.
La clave: aprieta el glúteo de forma consciente al final del recorrido. Si notas que trabaja la espalda baja, estás subiendo demasiado la pierna.
De pie, de espaldas a la silla y a un palmo de ella. Baja como si fueras a sentarte, roza el asiento con los glúteos y sube sin llegar a apoyarte del todo.
La clave: la rodilla debe seguir la dirección del pie, sin meterse hacia dentro. Y sí, la rodilla puede pasar de la punta del pie: esa vieja norma de que no debe hacerlo está desfasada y en muchas personas es imposible de cumplir por su propia proporción.
Más fácil: siéntate del todo y levántate.
Más difícil: baja más despacio, contando tres segundos.
De espaldas a la silla, apoya el empeine de un pie en el asiento y da un paso adelante con el otro. Baja doblando la rodilla de delante hasta unos noventa grados.
La clave: el peso va en el talón de la pierna de delante. Si notas el equilibrio muy inestable, agárrate a una pared con una mano.
Más fácil: haz la zancada normal, sin elevar el pie.
De pie de lado a la silla, una mano en el respaldo. Levanta la pierna de fuera hacia el lateral, sin inclinar el tronco y sin girar la punta del pie hacia arriba.
La clave: el recorrido es corto, unos treinta centímetros. Lo importante no es subir mucho, sino no ayudarse con impulso. El glúteo medio es el que estabiliza la cadera al caminar, y trabajarlo es de lo más útil que hay.
Apoya los antebrazos en el asiento de la silla, con el cuerpo inclinado y la espalda recta. Una pierna sostiene; la otra sube hacia atrás, con la rodilla doblada, empujando el talón hacia el techo.
La clave: no arquees la espalda para subir más. Mantén el abdomen activo.
Túmbate boca arriba con los pies apoyados en el asiento y las rodillas dobladas. Palmas en el suelo. Eleva la cadera apretando los glúteos hasta formar una línea recta de rodillas a hombros.
Sostén dos segundos arriba y baja sin llegar a apoyar del todo.
La clave: el empuje sale de los talones y del glúteo, no de la zona lumbar. Es probablemente el mejor ejercicio de glúteo que existe, y no necesita nada.
| Nivel | Series | Repeticiones | Descanso |
|---|---|---|---|
| Empiezo de cero | 2 | 8-10 por pierna | 60 segundos |
| Llevo unas semanas | 3 | 10-12 por pierna | 45 segundos |
| Ya me resulta fácil | 3-4 | 12-15 por pierna | 45 segundos |
Menos repeticiones y mejor hechas rinden más que muchas mal hechas. Si las últimas se hacen a trompicones o con impulso, has pasado el punto útil.
Y cuando doce repeticiones se te queden cortas, no subas a cincuenta: haz el movimiento más despacio, aumenta la pausa arriba o pasa a la variante difícil. Es más eficaz y lleva menos tiempo.
Estos se hacen sentada en la silla, y son perfectamente válidos:
Si tienes prótesis de cadera o rodilla, dolor al hacer alguno de estos movimientos, o has pasado por una operación reciente, consúltalo antes con tu médico o fisioterapeuta.
Estira unos minutos: glúteo, cuádriceps e isquiotibiales. Te lo explicamos en estiramientos antes y después de entrenar.
Hidrata la piel. Una leche corporal hidratante después de la ducha, o un masaje ascendente con producto de masaje, que además de sentar bien mejora la textura de la piel.
Aquí conviene decir algo con claridad, aunque vendamos cosmética: una crema no potencia el efecto del ejercicio. El ejercicio fortalece el músculo; la crema cuida la piel. Son dos cosas distintas y las dos buenas, pero no se suman como a veces se cuenta.
Si lo que te preocupa es el aspecto de la piel de la zona, lo tratamos aparte en cuidado de la piel de piernas y glúteos.
La mejora de fuerza se percibe en tres o cuatro semanas: subir escaleras cuesta menos. El cambio visible tarda más, entre dos y tres meses de constancia.
Mejor no. El músculo se adapta durante el descanso. Tres días por semana en días alternos rinde más que siete seguidos.
No de forma localizada. No se puede elegir de qué zona se moviliza la grasa. Lo que sí consigues es fortalecer y dar firmeza a la zona.
No para empezar. Con el peso del cuerpo y una silla hay trabajo para meses. Cuando se quede corto, unas tobilleras lastradas o una banda elástica son suficientes.
La sentadilla a la silla suele tolerarse bien porque el recorrido está limitado, pero consúltalo con tu fisioterapeuta. El puente de glúteo y las variantes sentadas son las opciones más amables con la rodilla.
El ejercicio en el embarazo es recomendable, pero hay que adaptarlo y a partir del segundo trimestre se evita estar mucho rato boca arriba. Consúltalo con tu matrona.
Con una silla contra la pared y quince minutos, tres días a la semana, tienes una rutina de glúteos completa. Calidad antes que cantidad, la rodilla siguiendo la dirección del pie y el empuje saliendo del glúteo, no de la espalda.
Y si algo duele, se para. La constancia gana siempre a la intensidad.
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