La dieta alcalina sostiene que comer ciertos alimentos cambia el pH del cuerpo y que eso previene enfermedades. No es cierto: el pH de la sangre lo regulan los pulmones y los riñones, y ningún alimento lo mueve. Aquí te contamos qué propone, de dónde sale, qué dice la ciencia y qué hay de aprovechable en ella.
Este artículo defendía esa dieta hace años, con afirmaciones que no debimos publicar. Lo corregimos.
La idea es esta: los alimentos, al digerirse, dejan un «residuo» ácido o alcalino, y una dieta con demasiados alimentos «ácidos» —carne, huevos, lácteos, cereales, azúcar— acidifica el cuerpo y provoca desde cansancio hasta osteoporosis o cáncer. Para evitarlo, habría que comer mayoritariamente alimentos «alcalinos»: frutas, verduras, hortalizas y frutos secos, en proporciones como 60-40 u 80-20.
Es una teoría de principios del siglo XX, la llamada hipótesis de la ceniza ácida, que se ha ido reciclando en dietas y en productos como el agua alcalina.
El pH de la sangre está entre 7,35 y 7,45, y el organismo lo mantiene ahí con una precisión enorme, porque salirse de ese rango es incompatible con la vida. Lo hacen dos sistemas:
Ninguna comida altera ese equilibrio. Ni una ensalada lo sube ni un filete lo baja. Si algo lo hiciera, sería un medicamento, no un alimento.
Aquí está el truco que hace creíble la dieta. La dieta sí cambia el pH de la orina: después de mucha verdura sale más alcalina, y después de mucha proteína, más ácida. Por eso las tiras reactivas «demuestran» que la dieta funciona.
Pero la orina es justo lo que el cuerpo expulsa para que la sangre no cambie. Medir la orina para saber el pH del cuerpo es como medir la basura para saber qué hay en la nevera.
Un pH sanguíneo de 6,9 es una emergencia médica real. Pero eso es una acidosis metabólica: la produce una diabetes descompensada, un fallo renal, una intoxicación o una infección grave. No la produce comer carne. Mezclar una verdad médica con una teoría dietética es lo que hacía este artículo, y es lo que hace mucha gente que vende la dieta.
Es decir: la teoría no es solo improbable, es que se ha buscado la evidencia y no está.
Y aquí viene lo curioso: una dieta «alcalina» es, en la práctica, una dieta con mucha fruta, verdura y frutos secos y poco procesado. Y eso es bueno. Muy bueno.
Pero lo es por la fibra, los micronutrientes, la saciedad y las calorías. No por el pH. Quien mejora con la dieta alcalina mejora por comer más verdura y menos bollería, y lo mismo conseguiría sin la teoría.
Lo que sobra son las prohibiciones: no hay motivo para dejar la carne, el pescado, los huevos, los lácteos, los cereales ni las legumbres por ser «ácidos». De hecho, las legumbres y los cereales integrales son de lo más recomendable que hay, y la dieta alcalina los mete en la lista negra.
Se vende con las mismas promesas. Y tiene el mismo problema: llega al estómago, que es muy ácido, y se neutraliza al instante. Beber agua alcalina no cambia nada más allá del sabor. Lo desarrollamos en beber agua e hidratación.
Uno que, al metabolizarse, deja residuos con carga alcalina, sobre todo por sus minerales: frutas, verduras, hortalizas, frutos secos. No tiene que ver con el sabor: el limón es ácido y se considera «alcalinizante».
Según la teoría, carne, pescado, huevos, lácteos, cereales y legumbres. Ninguno de ellos acidifica la sangre.
Si adelgazas con ella es porque comes menos calorías al quitar procesados y azúcar. La misma dieta con carne y legumbres funcionaría igual.
No. No hay ningún estudio que lo respalde, y las revisiones que lo han buscado no han encontrado nada. Si tienes un diagnóstico, la alimentación se habla con el equipo médico y con un dietista, no con una dieta de internet.
No lo está. Si tu pH sanguíneo estuviera alterado lo sabrías, porque estarías en un hospital. Las tiras de orina no miden eso.
Come mucha más, es de lo mejor que puedes hacer. Solo que no es por el pH, y no hace falta dejar nada por ello.
El pH de la sangre no lo cambia ninguna comida: lo regulan los pulmones y los riñones, y lo que cambia es la orina. La dieta alcalina no previene el cáncer ni la osteoporosis, y se ha buscado la evidencia.
Lo bueno que tiene —más fruta, más verdura, menos procesado— funciona por otros motivos y no exige prohibir nada.
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